Sebastião Salgado conoce la MTV

Entre 1980 y 1986 la fiebre del oro alcanzó su máxima expresión contemporánea en las colinas de Serra Pelada -Montaña Pelada-, al noreste de Brasil. Más de 80,000 hombres perforaron a diario esta gran montaña -utilizando para ello solo sus manos o algunos pocos instrumentos rudimentarios- en pos del encuentro con el metal precioso que los sacaría de la pobreza. Este dramático cuadro social fue expuesto mundialmente a través de las fotografías de Sebastião Salgado. En sus imágenes, observamos a decenas de miles de hombres reducidos a hormigas trabajadoras hundidas en el fango, trepando escaleras artesanales de madera, atrapados en un pozo voraz. Un alucinante registro sobre la lucha del hombre por la supervivencia, pero también sobre la lucha del hombre en pos de la riqueza -y en medio de la locura-.

 

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Casi 10 años después, el director Samuel Bayer desarrolló el concepto del video musical de la canción Bullet With Butterfly Wings (The Smashing Pumpkins) alrededor de las fotos de Salgado. El artista visual lo explica de la siguiente manera:

“Bullet with Butterfly Wings fue todo un evento. Fue el primer single de un disco doble de los Smashing Pumpkins. Y bueno, yo había visto las fotografías de Sebastião Salgado sobre el trabajo en las minas de oro de Serra Pelada en Brasil. Definitivamente, fui muy influenciado por sus imágenes. 

Aquella vez pude utilizar un set de lentes desarrollado exclusivamente para mí por Panavision. Una de las razones que explican el por qué las películas antiguas poseen -hasta el día de hoy- cierta belleza visual es la escasa profundidad de campo que otorgaban los lentes. En aquella época, el sistema de construcción de los vidrios al interior de los lentes no era tan exacto como ahora. Por este motivo –deliberadamente primitivo y minimalista- le pedí a la gente de Panavision que desarrollara algunos lentes de este tipo. Utilicé varios lentes para la filmación del video, desafortunadamente todos se destruyeron tiempo después. Eran realmente extraordinarios.”

Crítica: Monuments To An Elegy – The Smashing Pumpkins

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El tiempo corre y las personas cambian. También lo hace el negocio de la música y el gusto general de las audiencias. La última apuesta de Billy Corgan al comando de The Smashing Pumpkins intenta recuperar la atención del público y los medios de comunicación hacia una banda que alcanzó su pico creativo y comercial en 1995 con Mellon Collie and the Infinite Sadness.

Lo primero que llama la atención de Monuments To An Elegy es la inmediatez de las canciones. Cada corte posee la forma de un single potencial en donde la premisa es llegar al coro lo antes posible y hacer del mismo el centro de la composición. En esa onda está el primer sencillo, Being Beig, o Monuments. Este cambio, según palabras del propio Corgan, tiene su origen en el giro que ha dado el negocio de la música en el último lustro. En tiempos en los que selfies y updates de facebook nos obligan a competir por la atención de la gente, la apuesta de Billy busca adaptarse a esta realidad al ofrecernos temas cortos y plagados de hooks –claro, al estilo Pumpkins-.

Las canciones funcionan en el sentido de que son pegajosas a la primera escucha y porque mantienen la impronta guitarrera Smashing de siempre –Tiberius, One and All, Monuments, Anti-Hero-. Sin embargo, siento una pérdida palpable en la dinámica de los temas. Está claro que parte importante del sonido original del grupo residía tanto en la voz y guitarras de Corgan como en el feel y groove de Jimmy Chamberlain –baterista original-. En Teargarden by the Kaleidyscope y Oceania su reemplazo fue el joven y talentoso Mike Byrne -quien mantuvo el drive desde la silla de percusión- pero en Monuments To An… se ha perdido el feel jazzeado y creativo de los tambores. Tommy Lee (Mötley Crüe) es un excelente baterista pero su estilo –directo y agresivo- no le da el vuelo necesario a las guitarras y, en cierto modo, aplana las canciones. ¿Quién hubiera predicho en 1993 que el baterista de Girls, Girls, Girls tocaría con el creador de Siamese Dream? Seguro nadie; en todo caso, el mejor momento de esta sorprendente colaboración se da en Drums + Fife.

Queda claro que por estos tiempos Billy Corgan se está esforzando por recuperar el appeal de masas que ostentara hace más de una década. De la formación original del grupo hace años que solo queda él. Los tiempos cambian y las personas también.

 

Efecto de Sonido

El estudio de grabación es una puerta abierta hacia la creatividad, la experimentación y la evolución sonora. Gente como los Beatles, Roxy Music, Pink Floyd, Radiohead y un larguísimo etcétera nos lo recuerdan cada vez que presionamos Play.

Muchas de las historias de grabación incluyen detalles divertidos, recursos de producción impensados, ideas ingeniosas; técnicas utilizadas por músicos, ingenieros y productores que entendían y se divertían con el sonido.

Ganchos para el Cabello

El sonido etéreo de las teclas de piano de You Still Believe in Me se logró gracias a la genial tozudez de Brian Wilson, quien no dudó en experimentar con ganchos de metal y clips en busca del sonido mágico que ansiaba para uno de los cortes de esa obra maestra llamada Pet Sounds.

Tony Asher, co-letrista del disco- recuerda, “ Yo punteaba las cuerdas desde el interior de la caja del piano al mismo tiempo que Brian tocaba las notas. La idea era que ambos tocáramos las notas al mismo tiempo, solo así obteníamos un sonido diferente. Rasgaba las cuerdas con clips para papel y con varios tipos de ganchos para sujetar el cabello”.

 

Azúcar Embolsada

Sweet Emotion popularizó a gran escala el uso del Talk Box guitar pero el quintento de Boston también puso énfasis en técnicas más simples. Las maracas que escuchamos a lo largo del intro y durante buena parte de la canción no son maracas, sino más bien un paquete de azúcar que Steven Tyler sacudió a perfecto compás durante toda la grabación.

 

Tenedores y Cuchillos

El solo hecho de que Judas Priest grabara British Steel en la ex casa de John Lennon –sí, la que aparece en el video de Imagine- es de por sí una cosa de locos. Por aquella época -1979-, la casa le pertenecía a Ringo Starr pero éste la había puesto en alquiler como estudio de grabación. Los Priest acudieron al llamado, se encerraron y no salieron hasta consumar su disco más renombrado, una de las joyas de la corona del Heavy Metal.

Metal Gods supuso la grabación en vivo de varios sonidos poco convencionales para recrear ambientes caóticos y futuristas; tacazos de billar, golpeas a puertas y estufas, latigazos de cuerda de guitarra, etc. Pero ninguno de ellos comparable al zarandeo de la bandeja de cubiertos de la cocina de Ringo. Rob Halford sacudió 12 veces una caja llena de tenedores y cuchillos para darle el toque final al track n2.

 

Micrófono a la Parilla

La grabación del disco Follow The Leader de Korn fue un reto para el productor Toby Wright. “Fue un proyecto experimental complejo desde el punto de vista sonoro”, recuerda Wright. “La banda quería obtener sonidos que no hubieran sido utilizados nunca antes”.

Una forma de conseguir un sonido de guitarra novedoso se logró pegando con cinta un micrófono al interior de una parrilla de carne, además también se colocó un amplificador en miniatura.

PACO

Crítica: Damon Albarn-Everyday Robots (2014)

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La música es el vehículo ideal para el comentario social entre generaciones y el rock es, en ese sentido, uno de sus géneros abanderados. Pero, ¿se puede criticar desde la melancolía? ¿Se puede ser honesto y musical desde la pena más profunda? Damon Albarn, voz y cerebro creativo detrás de Blur y Gorillaz, nos recuerda que sí. El sentido de Everyday Robots (2014) salta a la vista desde el título: En su primer trabajo en solitario, el hombre portada de la escena Britpop, realiza una observación inteligente sobre el efecto emocional que ejerce la tecnología (léase redes sociales, internet) sobre nosotros.

Sónicamente, la placa se apoya en su atmósfera gris, desolada; en la fragilidad emocional de un día nublado que antecede a la tormenta devastadora. Tres instrumentos conforman el esqueleto de la producción: La guitarra acústica, el piano y el sintetizador. Todo empieza con el track que da nombre al disco y su demoledora estrofa “We are everyday robots on our phones/in the process of getting home/looking like standing stones/Out there on our own.” Hostiles, por su parte, gira en torno a la escaza comunicación entre dos sujetos que juegan, abastraídos, el video game The Dark Knight. Otros cortes hacen alusión a la obsesión de tomar fotos por gusto (Photographs You Are Taking Now) o al aislamiento (Lonely Press Play).

El ambiente cargado de paisajes sonoros electrónicos (loops, samplers) ha sido obra de Richard Russell, productor y jefe fundador del sello XL Records, quien echó mano, por ejemplo, de instrumentos de percusión provenientes del África para crear aspectos rítmicos novedosos. También hay lugar para el soul y Heavy Seas of Love nos recuerda la aproximación vocal ya experimentada desde los tiempos de Blur (Tender). Resulta curioso que el tema haya contado con la participación de Brian Eno (Roxy Music, U2) en las estrofas.

El momento más emotivo del álbum llega con The Selfish Giant y su bajo que gravita como el corazón de un paciente en cuidados intensivos. Albarn canta hablando. En el sentido estricto no se trata de un vocalista muy técnico pero es capaz de conceder emoción a las palabras con tan solo una inflexión, con la armonía exacta para conmoverte hasta las lágrimas o para colocarte en un pozo sin salida. El proyecto es también una mirada autobiográfica a su vida personal; así, repasa su infancia (Hollow Pounds), su adicción a la heroína (You and Me) y su vida sentimental (The History of a Cheating Heart).

Claro, no todo en el disco es perfecto. Mr. Tembo, con su divertido ritmo up-beat, parece salido de la banda sonora de Happy Feat o Río y, en un sentido musical-conceptual, no se entiende su inclusión en la placa. Con todo, Everyday Robots, es de lo mejor que he escuchado esta primera mitad del año por su carácter claro y sin concesiones en torno a los temas que trata. En una muy reciente entrevista, consultado sobre las mayores dificultades al grabar su ópera prima, Damon Albarn dejó esta idea: “Desde un punto de vista lírico traté de ser completamente honesto. Y no es fácil ser completamente honesto.”

Paco

 

La Última Vez: Kurt Cobain

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Photographs ©Jesse Frohman

La peor pesadilla de un fotógrafo es el cambio de planes a último minuto. Abandonado por la última colilla de cigarrillo y atarantado del aburrimiento, el fotógrafo suma los minutos de su larga espera sobre su reloj digital: “Ya van tres horas” piensa. Para cuando el cantante de la banda se digna en aparecer, Jesse Frohman, fotógrafo del diario Sunday Observer, sabe que nada de lo que había planeado el día anterior se hará realidad. Nada. Le habían prometido una sesión en exteriores de 5 horas con la agrupación más mediática del momento, Nirvana, pero hacia las tres y media de la tarde el manager del grupo le ha informado que ya no queda tiempo y que deberá hacer los retratos en el sótano del hotel neoyorkino “Omni”, centro de operaciones temporal de los reyes del mal llamado Grunge rock.

“¿Tienes un balde a la mano?” pregunta un desorientado Kurt. El artista visual asiente y le pregunta para qué lo quiere. “Es que creo que voy a vomitar” le dice el cantante.

Esta semana se cumple el vigésimo aniversario del suicidio de Kurt Cobain (Seattle, 5 de abril – 1994). Artista explosivo, contradictorio y multifacético, uno de los aspectos más documentados de su vida fue su relación amor-odio con los medios de comunicación. Hombre de portada en casi todas las revistas musicales especializadas de la época, la imagen que solía proyectar ante la cámara era la de un tipo con acentuado desdén, una suerte de desconfianza y apatía hacia el mundo que lo miraba a través del obturador de la máquina fotográfica. Siempre trataba de sacarle la vuelta a lo que se supone debe ser la imagen de una estrella en ascenso sideral; si debía salir guapo pues saldría feo, si debía parecer inteligente saldría tonto o, según la ocasión, sarcástico, ácido o brutal.

El presente registro fotográfico corresponde a la última sesión formal que el compositor concedió a los medios (la sesión con el francés Youri Lenquette fue una colaboración entre amigos y no considero que sea representativa de la relación de Cobain con el mainstream).  Las imágenes de Jesse Frohman, realizadas en el mes de noviembre de 1993, son un documento sobre parte de la personalidad del cerebro de Nirvana, quien por entonces atravesaba la etapa más dura de su adicción a la heroína.

Paco

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Crítica / Dead Sara–Dead Sara (2011)

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Los Ángeles ha sido cuna de muchas de las mejores bandas de rock que ha parido la Tierra. Desde The Beach Boys hasta Rage Against The Machine, pasando por The Doors o Red Hot Chili Peppers, la ciudad de la cultura made in Hollywood, la comida chatarra “Denny’s” y las playas doradas de Malibú posee un gen especial que provoca la aparición de músicos notables, figuras atrayentes, excitantes y autodestructivas. La última en esta larga lista parece ser Dead Sara, combo de rock duro integrado por Emily Armstrong (voz y guitarra rítmica), Siouxsie Medley (guitarra y coros), Chris Null (bajo) y Sean Friday (batería). Su debut homónimo (Dead Sara – 2011) es una mezcla de múltiples influencias que se pasean por la sensibilidad blues hasta la agresión hardcore.

El disco arranca con “Whispers & Ashes” pero se trata de un falso comienzo. El track n1 es la versión más mainstream del sonido de la banda Angelina; un tema construído pensando en la promoción radial y las ventas de singles por ITunes. El verdadero inicio del álbum, no obstante, se vislumbra recién en “Weatherman”. Acá la voz de Armstrong nos muestra por primera vez las posibilidades de su rango, jugando con las notas y gritando, porque hasta para gritar hay que saber hacerlo, y es que la banda logra de esta manera su primer gran acierto: La potencia interpretativa.

“Dear Love” marca un alto al frenesí; dulce y cálida en la intro, un arpeggio clásico adorna la atmósfera general antes de desencadenar en un coro épico que logra emocionar y ser creíble. “Timed Blues” recuerda por momentos a “In My Time Of Dying” de Led Zeppelin y no se trata de una simple coincidencia. El dúo Armstrong-Medley se cultivó musicalmente escuchando los zarpazos rockeros de la década del setenta y las exquisitas melodías vocales de los 60.

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Dead Sara: (de izqda. a dcha; Sean Friday, Siouxsie Medley, Emily Armstrong y Chris Null)

Monumental Holiday” escupe palabras y distorsión despuntándose como el tema más heavy del disco, pero es recién con “Test On My Patience” que la banda logra su mejor composición. Volátil, agresiva, melódica, tiene todo lo que necesita una gran canción: un riff adictivo, un buen puente y un coro con hook (gancho) definido. “Was too close to something, that was already bought, Too far from perfect, to spend my life trying” grita Armstrong volviendo a marcar la pauta y es que, desde Axl Rose, no recuerdo haber escuchado cantar a alguien con tanta fiereza y sensibilidad.

Ya lo ha dicho Jimmy Page: “Dentro del marco de una banda todo evoluciona, la forma de tocar, la composición, todo”. De eso se trata el presente de Dead Sara. De madurar. Su mejor aliado es el tiempo. Por ahora, es uno de los secretos mejor guardados de la escena rockera norteamericana. Verémos que pasa en el futuro.